domingo, 7 de enero de 2018
Fuerzas Armadas Argentinas Siglo XXI
(Por Jorge Reta)- La tragedia del ARA “San Juan” ha desnudado la situación de las FFAA con meridiana realidad, llegando a un punto de inflexión definitivo. Se necesita ahora un análisis profundo y con premura para definir el rol de ellas para los próximos cien años ya que la comprensión real del instrumento militar en este nuevo milenio requerirá un cambio cultural en la sociedad y sin duda, en los mismos miembros de las FFAA donde es necesario comprender la faceta positiva de su esencia y razón de ser: evitar la guerra y mantener la paz.
El Almirante (RE) Jorge Ferrer, ex Jefe del Estado Mayor General de la Armada, decía que el objetivo primordial de una política de defensa es el resguardo de los intereses nacionales, cada vez más interdependientes en el mundo de la posguerra fría. Además, la reconfortante confluencia entre la democracia como sistema político y la libertad económica, en un mundo cada vez más globalizado, implica una búsqueda constante de alianzas regionales, hemisféricas y mundiales, concluyendo inexorablemente que la política exterior es la primera línea de defensa del país. Se necesita buscar la "paz y la seguridad internacional" en los términos de las Naciones Unidas porque es la condición para permitir la inserción del país en una economía mundial en expansión y la consolidación de sus instituciones.
La opinión pública exige, cada día más, no sólo la graduación racional del poder sino también la mayor legitimidad: en el mundo de mañana una Nación-Estado sin protagonismo será algo así como un parásito en escala mundial. Ese protagonismo no debe ser sólo en el campo de las ideas o de la economía: debe serlo también en el campo de la acción. Más aún, la opción militar de Fuerzas Multinacionales constituirá sin duda en el futuro, la más legítima respuesta cuando se agoten las instancias diplomáticas sin éxito y fracase el efecto disuasivo ante los perturbadores del orden y la convivencia mundial ya que representa una versión en macro escala de la función esencial de las FFAA en cada Estado: ser instrumento idóneo de la política exterior.
Aquí cabe preguntarse si esta capacidad de integración debe requerirse sólo a los países desarrollados o también a aquellos, como el nuestro, en vías de desarrollo con necesidades múltiples insatisfechas y carentes en general de fuerzas significativas o incluso, de armas sofisticadas.
La respuesta correcta, añadía con lucidez el Almirante Ferrer, es la segunda por dos razones fundamentales. La primera, porque para gozar de los beneficios de la libertad, la paz y el desarrollo, deben asumirse los riesgos y responsabilidades para su defensa. La segunda porque esta capacidad de protagonismo no necesariamente debe abarcar la participación eventual en operaciones para mantener o lograr la paz, sino también en misiones humanitarias.
En esta etapa integradora la función de las FFAA es la de ser protagonistas activas ya que nada da más seguridad en esa complementación económica-cultural, que percibir cooperación y confianza entre los instrumentos militares de las Naciones asociados hacia una meta común. Cuando dos o más países con vocación integradora encuentran coincidencias en algunos importantes intereses estratégicos, puede ascenderse a un estadio superior de las relaciones entre Estados: la Alianza Estratégica. En este nivel, el instrumento militar juega un poder de importancia vital porque nadie consolidará una alianza con un inepto o con un indefenso por más amistoso o idealista que éste sea.
Las características y sobre todo la misión de nuestras FFAA deben responder exactamente a los lineamientos de una decisión política del más alto nivel de gobierno, adoptadas sobre la base del proyecto de Nación en desarrollo y a las Alianzas concertadas. Significa que el instrumento militar es una herramienta de respaldo del ámbito de las ideas o poder político y de la esfera de los bienes o poder económico. En este contexto, las FFAA deben asegurar el logro de una disuasión creíble que haga no aceptable una acción hostil por parte de un eventual agresor. Es humano pensar que todas las naciones tendrán siempre la tendencia a sentir más atractivo cooperar con los fuertes que con los débiles y que, cuando se lo haga con estos últimos, sea exigible cierta compensación por el logro de seguridad mutua superior.
Para ello son menester profundos cambios ya que estamos convencidos de que ha perdido realismo la antigua teoría del "planeamiento estratégico" basada sobre: 1) una guerra con un enemigo determinado 2) en una oportunidad específica 3) con una duración aproximada de las hostilidades.
Es por ello que la positiva vertiente del instrumento militar presente y futuro, que es evitar la guerra, hace imprescindible acogerse a la corriente de pensamiento llamada "Estrategia del Conflicto". Esto hace necesario un instrumento militar sin determinismos ni enemigos prefijados y por lo tanto, no existirá frustración por una guerra prevista que no se produce, sino satisfacción por ser instrumento de poder en los conflictos que enfrente el gobierno.
El Dr. Jorge Castro mencionaba hace unos años con profunda convicción que siempre la estrategia sigue a la política y en este contexto la defensa de nuestro país también puede ejercerse a 10.000 kilómetros de distancia. Lo comprobamos tanto en la participación argentina en la Coalición Internacional bajo mandato de Naciones Unidas, en la guerra del Golfo y también, el masivo despliegue militar nacional en la Ex – Yugoslavia porque también se defiende al país en las fronteras estratégicas.
Que quede claro, esto no significa abandonar la misión de defensa del territorio y de la soberanía nacional que hace a la razón de ser fundamental de las FFAA como instituciones permanentes del Estado. Todo lo contrario. Es pensar esa misión en términos de proyección del instrumento militar para defender intereses y fronteras estratégicas, esenciales para consolidar el orden y la seguridad internacional. En definitiva, concluía el Almirante Jorge Ferrer, las FFAA no deben prepararse para una guerra determinada sino ser útil al gobierno en el manejo de crisis derivadas de conflictos. Enfrentar este desafío requerirá realismo, tolerancia, amplitud de criterio, coraje y sentido común y ético. Vencerlo, significará asegurar la vigencia de los valores supremos de libertad y paz en un mundo interdependiente donde la democracia y el bienestar general son virtudes esenciales.
La Situaciòn! (1)
(Por Alberto Medina Mèndez)- La discusión política acerca de la celeridad de las reformas parece absolutamente interminable. La sociedad sigue analizando si estas deberían hacerse con mayor velocidad o el ritmo seleccionado es el adecuado.
- El oficialismo y sus seguidores más lineales sostienen que hacen lo que pueden, que su dinámica es la única políticamente posible, que avanzan en algunos pocos temas y solo bajo ese esquema que han implementado. Los que gobiernan dicen que si marcharan con mayor rapidez tendrían que pagar enormes costos sociales porque las transformaciones que solicitan los más ortodoxos implican drásticos recortes que son inviables hoy en día. Defienden la estrategia que han elegido aduciendo que recibieron el país en llamas y que lentamente están saliendo de situaciones muy extremas, gracias a su férrea capacidad de dar pasos cortos pero consistentes. Recuerdan que no disponen de mayorías parlamentarias propias como para llevar adelante las políticas que desearían y que siempre deben negociar la gobernabilidad con otros partidos políticos, con todo lo que eso implica. Entienden que el cambio se ha iniciado porque han instrumentado modificaciones en las formas, con una estética política diferenciadora tratando de dejar atrás los patéticos estilos autoritarios del pasado reciente.
- Del otro lado del mostrador son demasiados los que afirman que se podría hacer muchísimo más, que al gobierno le falta el coraje imprescindible para encarar lo que resulta imperiosamente necesario, haciendo lo correcto. Desde estos espacios se plantea que quienes lideran el gobierno, detrás de un discurso aparentemente sensato, priorizan siempre lo electoral por sobre todas las cosas, con el fin último de evitar costos políticos y no sociales. El supuesto costo social que se pretende esquivar se termina pagando igualmente con inflación, endeudamiento, falta de empleo y una carga tributaria indefendible que inexorablemente financian los más débiles.
- Eliminar el endémico déficit fiscal, disminuir el tamaño de un Estado dilapidador, derogar miles de regulaciones inservibles, desarticular la corrupción estructural, reformar todos los ineficaces sistemas estatales vigentes es solo una parte de esa enorme agenda que siempre abruma. Dilatar estas cuestiones que requieren solución inmediata no puede ser una opción. No se trata de lo políticamente posible, sino de lo moralmente inaceptable. Millones de personas padecen las consecuencias de estas nefastas políticas con las que se convive, con matices, desde hace décadas.
Son eternos los debates al respecto. Se pueden verificar tanto en los medios de comunicación tradicionales como en todo tipo de redes sociales y hasta en las charlas típicas de familia o de café entre amigos.
- En realidad, el problema es que se decide ignorar una variable demasiado relevante en esta disputa, que tiene que ver con el horizonte de referencia, con una vital variable que se oculta deliberadamente. Se trata del “tiempo”. Ir un poco más rápido o algo más despacio podría ser un debate totalmente irrelevante sino fuera porque la concepción de unos y otros también difiere respecto del plazo que se dispone para alcanzar el objetivo compartido. Para los que ahora gobiernan, no hay apuro, porque el camino es suficientemente largo y entonces no existe urgencia alguna para evaluar decisiones y calibrar la ejecución de cada uno de los proyectos en marcha. Los más exigentes afirman que apostar todo el futuro de la nación a una dinámica azarosa es muy peligroso. Cualquier suceso circunstancial local o internacional, podría tirar por la borda lo poco que se ha hecho hasta ahora. Arriesgarse a tener suerte es jugar con fuego. Si este experimento político y económico sale mal, se habrá empujado, definitivamente, a la sociedad a los brazos de un nuevo populismo de un modo tan burdo como suicida. Más allá de la coyuntura y de la eventual ocurrencia un tropiezo externo de cualquier característica, lo cierto es que no se dispone de un período infinito e inagotable, como muchos imaginan y vaticinan como profetas. El dilema de tomar el camino de la opción gradualista o girar hacia la búsqueda de políticas más enérgicas tendría sentido si se dispusiera efectivamente de todo el tiempo del mundo. Pero eso es una falacia.
- Se está perdiendo una oportunidad preciosa con esta ridícula polémica que olvida aspectos esenciales y trascendentes. Los intercambios insólitos que se potencian entre sí terminan alejando la chance de encontrar un norte.
La verdadera discusión política debería pasar por como hacer las transformaciones con la mayor prontitud posible. A estas alturas, la dialéctica tendría que ser eminentemente técnica, intentando hurgar en los mecanismos más eficientes para lograr resultados en un lapso record. Sería saludable poner un esfuerzo superior en construir consensos para lograr cambios con mayúsculas y no solo para implementar estos frívolos parches que no resuelven nada postergando los problemas indefinidamente. Es hora de correr el eje de la controversia de fondo. Los amantes incondicionales del gradualismo creen, en su ingenuo optimismo, que la buena fortuna los acompañará en este proceso y eso no es muy realista. En vez de consumir energías en estériles deliberaciones, hay que trabajar duro analizando políticas públicas que se aplicaron con éxito en otras latitudes, esas que permitieron hacer modificaciones sustentables sin las brutales consecuencias que imaginan los eternos defensores del status quo.
(1) El autor titulò a esta nota como “Horizonte del gradualismo”, creìmos conveniente llamarlo de la forma expuesta pero sin cambiar lo que el autor expone.
Para reflexionar II: "Hogar y Familia"
Estamos en este mundo para que, en algún lugar, podamos sentir que hemos hallado nuestro hogar.
Aron Tamási (1897–1966)
El problema del hogar, sin duda alguna, es complejo; y no por casualidad la protagonista central del tema es la mujer. Imagínense a una mujer adulta frente a un funcionario burócrata respondiendo a las preguntas de un formulario: ¿Profesión? - Ama de casa.
¿Pueden imaginar la cara del burócrata? Yo sí. La he visto un buen par de veces. Levanta las cejas, pero no la cabeza, y mirando un poco de abajo hacia arriba se queda un instante como preguntando: "¿Nada más?" Faltaría que diga "¿Solo eso? ¡Pobrecita!" No lo dice, pero su cara lo está gritando. El burócrata no tiene ni la más repálida idea del enorme esfuerzo, trabajo y dedicación que requiere ser una ama de casa a tiempo completo – y ni hablemos de ser una buena ama de casa – pero la sola idea de ser "solo y nada más que" una ama de casa le suena a algo así como sinónimo de "personal doméstico gratuito en relación de esclavitud".
Podemos girar la cuestión y mirarla desde otra faceta. Imagínense el diálogo entre dos amigas modernas que están por terminar el colegio secundario:
¿Y? ¿Decidiste ya qué carrera vas a seguir?
No. La verdad es que todavía no...
Mirá, decidite. Hoy por hoy no podes andar sin título.
¿Y por qué? ¿Qué tiene de malo no tener un título?
Es que quedás indefensa. ¿De qué vas a trabajar? ¿Cómo vas a hacer para ganar plata y mantenerte? Si no tenés un título vas a estar obligada a depender de un hombre y pasártela fregando y lavando platos toda la vida. Y eso si tu marido gana lo suficiente como para mantener la casa. Porque si no, vas a tener que trabajar de vendedora en un negocio por dos pesos con cincuenta para complementar el sueldo de tu marido y encima vas a tener que fregar y lavar los platos igual. No nena, haceme caso, conseguite un título.
Giremos la cuestión de nuevo. Mirémosla del lado del varón. Un varón al que le han dicho que la plata grande no se hace trabajando; un varón que compara los ingresos del futbolista, del guitarrista de rock, del piloto de Fórmula 1, del capo narco, del macho alfa de la farándula, del banquero, del especulador, o del político de turno con los del médico, el maestro, el ingeniero, el policía o el profesor universitario. Un varón que, si después de eso todavía se anota en alguna carrera, es porque, o bien tiene realmente una vocación muy fuerte, o bien no encontró la forma de engancharse en alguna de las otras opciones y, dentro de todo, no quiere convertirse en el "nini" que ni estudia ni trabaja.
Después, claro, la vida se encarga de que esa mujer y ese varón se encuentren. En algún momento dado se forma una pareja. En algún momento la pareja deviene en matrimonio. Y como la plata no alcanza ambos tienen que salir a trabajar. Además, sería ridículo pensar que la mujer, con un título universitario en su haber o cerca de obtenerlo, se va a quedar en un departamento de un ambiente para jugar a la ama de casa. Así, ese departamento se convierte en un dormidero. De día no hay nadie porque ambos trabajan; de noche se juntan, al día siguiente se repite el ciclo cinco veces y los fines de semana se hace el mantenimiento de lo que no se pudo hacer los cinco días anteriores y, en una de ésas, puede haber una visita a los padres, a la quinta de un amigo o a salir a comer por ahí, siempre y cuando no sea fin de mes.
Y en algún momento, si no irrumpe una frustración que termina en separación o divorcio, el matrimonio se convierte en familia. Aparece una criatura con sus necesidades y sus exigencias. Los que antes eran amantes se convierten en progenitores con las diferentes obligaciones y responsabilidades de madres y padres. El departamento de un ambiente empieza a tener fecha de vencimiento. Dentro de muy poco hará falta más espacio. Pero "más espacio" significa más dinero. Ni pensar en dejar de trabajar. Pero, si la madre sigue trabajando, ¿quién se hará cargo de la criatura? No se la puede dejar sola en el dormidero, obviamente. ¿Una guardería? ¿Alguna de las abuelas? ¿Una niñera? ¿Algún personal doméstico multipropósito? ¿Alguna combinación de soluciones intermedias?
Sea como fuere, luego de un tiempo la madre vuelve al trabajo. Lo necesita. De otro modo los números de la familia no cierran. Aun cuando una parte sustancial de sus ingresos se vaya en gastos de guardería, personal doméstico o alguna otra solución adoptada. Además, es una profesional. Para eso se rompió el alma estudiando durante años. Para eso se conquistó, con mucho esfuerzo, una posición que le permite sentirse libre, dueña de su propio dinero, y respetada – quizás hasta envidiada – por las demás mujeres. O al menos eso es lo que ella cree.
Y con el hombre sucede algo muy similar. Antes se sentía responsable por su mujer; ahora se siente responsable por su mujer y su hijo o hija. Si antes apenas conseguían llegar a fin de mes, ahora los gastos son mayores. Hace falta más plata por mes. Va a necesitarse más todavía en el futuro cuando haya que mandar al chico a la escuela y ni hablemos de si viene un segundo hijo... Hay que cambiar de trabajo por otro mejor remunerado. O conseguir otro trabajo adicional. O trabajar horas extras para mejorar los ingresos. Resultado: el hombre estará fuera de su casa durante más horas que antes. Se convertirá en un misterioso ser que llega cuando su hijo ya está durmiendo y se habrá ido antes de que despierte. Como padre será un prodigio que ocurrirá solo los fines de semana.
En este ambiente, "la profesión", "el trabajo", se convierte en el casi indiscutido núcleo central de la existencia. La familia termina construyéndose a su alrededor, como una especie de objetivo secundario y muchas veces obstaculizante. Lo cual, obviamente, resulta favorecido por el hecho que muchas veces las actividades formadoras de opinión resultan ocupadas por personas que, aunque más no sea para auto-justificarse, proponen y defienden esta forma de vida.
Así y todo sin embargo, la verdadera búsqueda de todos los involucrados es la de hallar la felicidad; algo que la enorme mayoría de nuestra sociedad – tal como lo demuestran todas las estadísticas – solo puede imaginar en un hogar, desde el seno de una familia estable y armónica. Es lo que todos disfrutan cuando se jubilan. Es lo que todos añoran cuando es obvio que ya nunca lo tendrán. Hasta ahora no sé de nadie que, en su lecho de muerte, haya exclamado: "¡Ojalá hubiera estado más tiempo en la empresa, con los proveedores, con los clientes y con mis compañeros de trabajo!".
¿Qué clase de vida brinda este entorno? Es fácil sacar la cuenta. Un caso típico sería el de una persona que duerme 8 horas y trabaja 9 por día. Bien. Veamos. 8 horas de sueño más nueve de trabajo dan 17 horas. Si el viaje de casa al trabajo, entre colectivo y subte, o tren y subte, o alguna otra combinación lleva 1 hora y media, tenemos, entre una cosa y otra 3 horas de viaje por día. Van 17 +3 = 20 horas. Hay que comer, hay que bañarse, arreglarse, ocuparse de la canilla que gotea y de la bombita de luz que se quemó, de planchar la ropa para mañana, cocinar, etc. Seamos optimistas, pongámosle una hora para los hombres y más para las mujeres. Resumen y total: de las 24 horas del día, con suerte queda algo así como el 10% del tiempo disponible para dedicarlo al hogar y a la familia. Con suerte.
La pregunta que, inevitablemente, uno se hace es: ¿vale la pena?
Sinceramente no lo creo. Lo que sucede es que, hasta ahora, había pocas posibilidades de escapar de ese entorno. O bien uno se iba a vivir al campo, o bien el hombre conseguía uno de esos raros trabajos que permitían mantener una familia sin el necesario aporte económico de la mujer. Sin embargo, la cosa está cambiando y es principalmente gracias a la tecnología informática que está empezando a surgir una modalidad de trabajo desconocida hasta ahora: el trabajo desde la casa o, como lo llaman los norteamericanos, el "home-working".
A fines de 2016 y principios de este año, en los EE.UU. ya eran por lo menos 100 empresas importantes las que ofrecían trabajo en esta modalidad. La lista incluía a Amazon, Teletech, Hilton Worldwide, Xerox, Dell, IBM, Wells Fargo, Aon, Adobe, Sodexo, Eaton, American Express, Motorola Solutions, Lenovo, JPMorgan Chase y varias más. En los EE.UU. el porcentaje de trabajadores que realizan sus tareas parcial o completamente desde sus domicilios se incrementó de un 19% en 2003 a un 24% en 2015 según el Bureau of Labor Statistics. En las profesiones relacionadas con administración, negocios, operaciones financieras y ocupaciones profesionales, los porcentajes fueron de 35% a 38% respectivamente. Además, el 68% de los trabajadores norteamericanos respondieron que esperan trabajar en forma remota en el futuro. Las industrias más proclives a considerar el trabajo remoto incluyen las de tecnología informática, medicina, salud, administración estatal y finanzas. Servicio al cliente, educación, capacitación y ventas también ofrecen puestos de trabajo en esta modalidad. El trabajo desde el domicilio bajo el modelo TRaD por sus siglas en inglés está creciendo y ya es una alternativa seriamente considerada, en especial por las empresas de servicios.
¿Terminaremos trabajando desde casa en el futuro? Muchos probablemente sí. Porque, por supuesto, esto no es para todos los oficios. No podría fabricar un auto desde mi casa. No podría ni pintarlo ni ensamblarlo, eso es obvio. Pero el departamento contable de la fábrica de autos seguramente tiene operaciones que se podrían hacer de manera remota y el área de Recursos Humanos también realiza operaciones que no tienen por qué hacerse necesariamente dentro de la empresa. Ni el cálculo de sueldos y jornales ni el diseño y mantenimiento de la Intranet de la compañía tienen que hacerse necesariamente dentro de la compañía misma. El departamento de Marketing podría trabajar con diseñadores gráficos remotos. Excluyendo los procesos de manufactura propiamente dichos, las posibilidades son amplias.
¿Lo haremos?
Creo que sí. Todavía falta desarrollo y cultura laboral en este sentido, sobre todo en nuestros países. Llevará tiempo y requerirá varios cambios, en especial de mentalidad. Pero la nueva generación, ésa que nació con la computadora ya en la cuna, poco a poco hasta irá presionando para hacerlo posible.
Porque este mundo, así como está hoy, es absurdo. Estamos más tiempo con extraños y hasta con completos desconocidos que con nuestras propias esposas, esposos, hijas e hijos. Y después nos lamentamos que el matrimonio y la familia resisten cada vez menos el embate de quienes se han propuesto hacerlos desaparecer.
Porque, a diferencia de los matrimonios que no necesitan más que una vivienda, las familias necesitan un hogar. Y el hogar, tradicionalmente, era ese lugar en el que se mantenía encendido el fuego alrededor del cual la familia se reunía todos los días para comer, calentarse, charlar, divertirse, recordar anécdotas, comentar los hechos del día, discutir puntos de vista diferentes, intercambiar opiniones... En pocas palabras, el hogar fue siempre el lugar en donde quienes se aman pueden estar juntos para comunicarse, para entenderse y para compartir.
Y creo que debe volver a serlo. Porque, al igual que Aron Tamási, creo que en este mundo, en algún lugar, deberíamos poder sentir que hemos hallado nuestro hogar.
Y también creo que en ese hogar deberíamos poder vivir nuestras vidas junto a las personas que amamos.
Para reflexionar: "La ideologìa del mal"
(Por Eugenia Campos Carlès)- Bajo la bóveda del sistema, existe un objetivo lleno de oscuridad que lo que busca es la propia destrucción del ser humano, y los organismos de poder se están ocupando de fomentarlo por medio del propio discurso de los derechos humanos. Para explicarme, voy a remontarme sintéticamente a sus inicios, que tienen que ver con las políticas de control de población que se comienzan a implementar con el surgimiento del maltusianismo en el año 1789 y se extienden a lo que hoy en día conocemos como ideología de género.
Malthus creía que la población mundial excedía las posibilidades alimentarias que ofrecía la tierra, explicaba, que era necesario dejar a los hambrientos morir, así, fomentaba la reducción de los derechos de los pobres y creía que las epidemias, las guerras y las catástrofes naturales tenían un impacto positivo. Luego, esta teoría mutó a un neomaltusianismo que se basaba en los métodos anticonceptivos para reducir la natalidad, sobretodo, en la población pobre y a raíz de esto, en el año 1873 nació la eugenesia, esta planteaba que existían razas más fuertes y puras, promovía la esterilización y el aborto de los más pobres.
Más tarde, surgió el famoso Birth Control con Margaret Sanger, que incluyó la esterilización de los enfermos mentales, clínicas abortivas en barrios de negros y latinos y el reparto de anticonceptivos entre las clases pobres. En 1922 Sanger dice: “El aumento de la clase trabajadora debe regularse, ya que se compone de imbéciles benignos, que alientan los elementos defectuosos y enfermizos de la humanidad mediante su irresponsable enjambrar y engendrar. Tenemos que eliminar la “maleza humana”, segregar a los imbéciles, desajustados y mal ajustados y esterilizar a las “razas genéticamente inferiores”(1).
Luego, con la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, estas ideas eran insostenibles, entonces, se comenzó con el juego de las palabras. Nació el criptoeugenismo y el “Birth control” pasó a llamarse “Planned Parenthood” y así, en el seno de las mismísimas Naciones Unidas, nace el ataque contra la población. Este organismo internacional llevó a cabo dos eventos clave; en primer lugar, el informe Kissinger (2) y en segundo, la conferencia de Bucarest (3). Dentro de estos, se discutió la problemática sobre la población, se planeó una reducción demográfica gradual en todos los países subdesarrollados, de esta forma, EEUU lograría acceder a las materias primas de ciertos países como México, Nigeria, Egipto, entre otros, minimizando el consumo interno de ellos y para hacer todo esto, se comenzaron a difundir los mal llamados “derechos reproductivos”. Se comenzó a fomentar el feminismo radical, el homosexualismo, el aborto y todo método anticonceptivo, así nació la famosa ideología de género. Hoy en día para el común de la gente tiene una connotación positiva, los medios nos hacen creer que esta ideología fomenta la no discriminación y la libertad, pero la realidad es que acostumbra a jugar mucho con las palabras, ya que tiene una gran habilidad para hacer sonar bien cualquier disparate u aberración y de esta forma, los millennials la compramos fácilmente, pero todos sus antecedentes nos demuestran que su trasfondo es racista y colonialista.
Para obtener el poder, una de las cosas que estas organizaciones necesitan, es destruir la familia, nos quieren solos, nos fragmentan con luchas organizadas y no lo vemos, nos posicionan en un ring falso donde nos hacen pelear cual marionetas y se ríen de nosotros. A ellos no les importamos, no les interesa el bien de la mujer, ni el de los niños, ni el de los ancianos, ni el de ningún humano, lo que en el fondo les interesa es el dinero y el poder. Así se ha ido desprestigiado el matrimonio calificándolo de aburrida convención social, se fomenta la poligamia y parejas de todo tipo, hasta, por más increíble que parezca, se alienta hasta la pedofilia y el incesto. Existe una organización llamada North American Man/Boy Love Association (NAMBLA) que explícitamente apoya la pedofilia y es completamente abalada por la ONUm su principal promotora es una feminista marxista radical y fiel seguidora de Simone De Beauvoir llamada Shulamith Firestone; escribe un libro llamado La dialéctica del sexo (1970) donde establece: “Después de muchas generaciones de vida no-familiar nuestras estructuras psicosexuales podrán alterarse tan radicalmente que la pareja monógama se volvería obsoleta. Sólo podemos adivinar lo que podría reemplazarla: ¿quizás matrimonios por grupos, grupos maritales transexuales los cuales involucran niños mayores? No lo sabemos.”(4) Y en unas páginas más adelante plantea: “Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función.”(5) También, aprovecho para desenmascarar la figura de la conocida Simone De Beauvoir quién también suele ser considerada una figura positiva. En enero de 1977, De Beauvoir firmó una petición en el diario francés Le Monde en favor de la liberación de tres pedófilos de la cárcel. Toda esta idea de “amor libre” puede sonar muy bien y hasta tremendamente atractiva, y créanme cuando les digo que mi generación la compra fácilmente, pero nos engañan, su trasfondo es muy oscuro, no existe más la idea de amor como entrega y deseo del bien del otro.
De a poco, nos hemos ido olvidando de ellos y fuimos confundiendo el amor con puro deseo y la búsqueda de la propia satisfacción, lo que al final nos va dejando vacíos, así es como estamos encerrados en el hedonismo y el nihilismo que nos venden, nos hacen creer que el “amor libre” es libertad pero al final nos quedamos solos y perdidos, así es como el poder nos adopta como hijos y nos comienza a manejar de acuerdo a sus intereses. Nos necesitan débiles y con crisis emocionales,
así, nos vamos olvidando la importancia de la familia; de a poco nos vamos colectivizando y nos vamos quedando sin nuestra individualidad y hasta sin identidad, sintiendo que no pertenecemos a ninguna parte y que nuestra existencia no tiene un sentido, qué nada de lo que hacemos tiene importancia y no vale la pena luchar.
No nos sometamos! mantengámonos alertas y seamos combativos, se lo digo especialmente a mi generación. Nos quieren apagados de angustia, no se lo demos, no compremos su mentira de la ideología de género que lejos de ser la libertad es la más pura oscuridad, es una cárcel espiritual que suena bien y nada más. Luchemos por las verdaderas relaciones humanas y alejémonos de esta ideología del mal que no hace más que quitarnos humanidad.
Sigamos alertas y no olvidemos que, cuando algo suena demasiado bien, suele haber gato encerrado.
(1) Margaret Sanger. The pívot of civilation, New York, 1922.
(2) Se suscribió en 1964 por Henry Kissinger, Secretario de estado del gobierno norteamericano.
(3) Se anunció en 1973 y se llevó a cabo en 1974 con el apoyo de otras organizaciones como UNICEF.
(4) Firestone, Shulamith. The dialectic of sex. The case feminist revolution. New York, Bantam Book, 1971, página 229.
(5) Firestone, Shylamith. Ob. Cit. , página 240.
sábado, 6 de enero de 2018
Profundamente indignado
(Por Alberto Medina Mèndez)- Lo que ha ocurrido en el pasado mes de Diciembre, me causa una enorme tristeza, pero también una absoluta impotencia. Me enoja, me molesta, pero por sobre todas las cosas me genera una amarga sensación de indignación con todos.
- Me indigna ser parte de una sociedad que prefiere la ceguera y muestra signos indisimulables de necedad. Una comunidad tremendamente hipócrita que no es capaz de asumir sus problemas estructurales con valentía y enfrentarlos como se debe, con determinación e inteligencia.
- Me indigna que seamos tan chantas de no comprender que no se puede vivir de fiesta indefinidamente y que las cuentas algún día se pagan, que nada es gratis y que lo que no queremos hacer hoy por las buenas lo terminaremos haciendo mañana de la peor manera .
- Me indigna que seamos demagogos y que creamos que las soluciones son simples y mágicas, que son “otros” los que deben encontrar soluciones porque nosotros no tenemos la más mínima idea de lo que hay que hacer.
- Me indigna que les pidamos a los gobiernos orden, pero al mismo tiempo le digamos que ejerza esa misión con sano equilibrio, sutilmente, seduciendo a los delincuentes y poniéndoles alfombra roja para que no se ofendan.
- Me indigna que le pidamos a un conjunto de personas que eligieron ser miembros de la fuerza de seguridad que nos protejan de los criminales pero que lo hagan sin elementos para evitar que los malos salgan lastimados.
- Me indigna que mandemos al frente de batalla a otros y luego nos ocupemos de desautorizarlo sin culpa alguna. Que les paguemos indecentemente para hacer un trabajo que ninguno de nosotros haría porque nos falta el valor para estar en esa peligrosa línea de fuego.
- Me indigna que pretendamos confundir protesta genuina con delito, que elijamos creer que los forajidos que desprecian la propiedad privada y se apropian de lo ajeno son solo un grupo de individuos que piensan diferente.
- Me indigna que sigamos repitiendo como loros que los actos de vandalismo son una legitima forma de expresar meras discrepancias y que pueden constituirse en el termómetro adecuado del malestar ciudadano.
- Me indigna que tengamos una dirigencia política tan mediocre que ni siquiera es capaz de leer dos páginas seguidas de un proyecto de ley, pero que luego puede invertir ese mismo tiempo en intrigas que luego se convierten en tácticas de corto plazo para sacar ventaja de la coyuntura.
- Me indigna que muchos legisladores no sepan ni hablar y solo puedan balbucear, que no intenten siquiera argumentar para defender sus supuestas ideas sin recurrir a la chicana, el panfleto y los slogans vacíos.
- Me indigna que los opositores sean tan cínicos y que pretendan que la gente les crea su discurso de sensibilidad social, ese relato que no aplicaron cuando tuvieron la oportunidad de gobernar.
- Me indigna que la dirigencia, en su conjunto, intente que la sociedad le crea que a ellos les interesa realmente el futuro de los jubilados y pensionados cuando unos y otros, los manipulan y utilizan sin escrúpulo alguno.
- Me indigna ver que los que decidieron dedicarse a la política no son capaces de sostener convicciones y que solo definen sus posiciones con una dinámica que consiste en sacar el máximo provecho del tema del día.
- Me indigna que los que gobiernan no logren comprender que antes de discutir un tema se deben construir consensos, no solo con las cúpulas y los círculos de poder, sino con una sociedad que necesita validar los cambios.
- Me indigna que los legisladores oficialistas se hayan convertido en “levanta manos”, dejando de lado sus creencias bajo la excusa de que deciden lo políticamente posible en nombre de un “bien común” que jamás llega.
- Me indigna que los que gobiernan no tengan el coraje de hacer lo correcto y que vivan justificándose, cuando fueron ellos los que prometieron cambiarlo todo y decidieron hacerse cargo de este lío, sin que nadie les implore.
- Me indigna que toda la clase política no se anime jamás a enterrar sus propios privilegios, esos que establecieron por unanimidad y que confirman eternamente, sin ofrecer un mínimo gesto de austeridad republicana.
- Me indigna que el “pseudo” periodismo juegue su propio partido bajo ese cruel esquema en el que se responde linealmente a los intereses de los medios y, a veces, solo a las resentidas ideas de sus interlocutores.
- Me indigna que el sindicalismo corrupto contribuya al caos para destruirlo todo cuando, en realidad, han sido ellos los responsables de este inviable régimen que diseñaron y que alimentaron hasta que lo hicieron colapsar.
Tengo el temor de que esa indignación se convierta en desesperanza, que esa desazón me empuje a bajar los brazos, a buscar nuevos horizontes lejos de mis afectos y a considerar a mi país como una causa perdida. Pero luego pienso, que aunque no lo veamos muy claro aún todo sigue dependiendo de nosotros mismos, de entender primero lo que nos pasa, de ser autocríticos y revisar, sin piedad, todo lo que hemos hecho muy mal. No estamos como estamos por casualidad, ni porque los que hacen de las suyas sean solamente los otros. Nuestro presente no es el resultado de un plan perpetrado por los empresarios prebendarios, ni por los malvados integrantes de la inagotable corporación política y gremial. Somos lo que somos, porque hacemos lo que hacemos. El exitismo compulsivo, la mirada simplista, una apatía crónica, el desinterés por la política y una ausente cultura del trabajo nos trajeron hasta acá. Es la acción, o inacción, de cada uno de los ciudadanos la que ha construido este engendro. Claro que muchos hicieron lo imposible para engordar a este monstruo del que hoy viven cómodamente esquilmando a los demás. Va siendo tiempo de que reflexionemos y nos pongamos a trabajar para convertir este mamarracho en una oportunidad. Si no lo hacemos pronto repetiremos nuestra propia historia como lo hemos hecho durante décadas.
Tenemos una chance. Habrá que entender primero que somos nosotros los que debemos tomar la posta, porque si esperamos que estos patéticos personajes de hoy edifiquen un porvenir mejor, estamos muy equivocados. Unos ya lo demostraron. Son corruptos, perversos y absolutamente incapaces de hacer algo positivo. Los otros, los de ahora, no tienen lo que hay que tener para hacer lo que hay que hacer. Todos los días lo confirman.
El aspecto exterior; ¿es el reflejo del alma?
(Por Nicolàs Màrquez)- Ojos caídos, rostro en trance, pelo grasoso, ademanes vulgares, vestimenta prostibularia, tatuaje procaz y siliconas prestas a competir con la pensadora Lía Crucet, fueron las notas distintivas de la exhibición parlamentaria de la última semana. Quiérase o no, la foto que ilustra estas líneas no es la de una sudorosa murguera zapateando coreografía en algún carnaval de La Salada, sino el de una Diputada del supuestamente Honorable Congreso la Nación Argentina. Y la susodicha no es otra que Victoria Donda, impudorosa dirigente que suele cacarear su voz chillona (que nos recuerda al personaje “Catita” de Niní Marshall) por los pasillos más sórdidos y descalificados de la partidocracia estable, siempre repitiendo vulgarismos demagógicos cuando no reivindicando el homicidio montonero, en el que otrora participaron sus violentos progenitores.
Lo cierto es que la bulliciosa Diputada a lo largo de su pestilente militancia ha logrado reunir todos los condimentos faciales, gestuales y estéticos propios no del legislador disciplinado sino del disipado juerguista. Su porte resulta más cercano al de una maloliente fumona clandestina antes que a la de una ascética funcionaria de Estado. En suma, a Donda se la percibe más próxima a la braguetera de wiskería portuaria antes que a una cultora del derecho parlamentario.
Sin embargo, la tenebrosa apariencia que la aludida ostenta no nos confirmaría per se que efectivamente ella participa en el plano personal de una vida conforme los inimaginables hábitos que su talante sugiere. Pero su falta de estilo sí nos indicaría que esta escotada bolchevique de burdel se siente gozosa al exteriorizar una presencia estampillada por la ramplonería y la trasnoche.
Pero en el supuesto caso de que en su vida personal Donda sea una benemérita dama y no todo aquello que ella misma insinúa ser, lo que sí queda en evidencia es que la congresista se presenta ante la opinión pública de ese desaliñado modo con la pretensión de congraciarse con un determinado perfil de votante (el progre-populista), el cual sí se siente consustanciado e identificado con este empaque emparentado con el vicio, el lupanar, la vagancia y el enfieste.
Y no podría haber mayor caldo de cultivo. La propensión a la insana relajación psico-física constituye un éxodo en el que abrevan los espíritus débiles para no tener que enfrentar la realidad, y es precisamente en este mercado signado por la licencia y la pereza en donde la progredumbre electoralista hace estragos. Desde hace varias décadas que la tónica del izquierdismo moderno ostenta una indispuesta tendencia al utopismo no ya como finalidad revolucionaria sino como escapismo de coyuntura (y las adicciones facilitan en mucho la construcción de la fantasía y la evasiva), placebo que cumple no otra función que el de ser un refugio artificial para almas atormentadas e infértiles ¿Qué es sino progresismo (racional o emocional) el desprecio por la armonía, la incomodidad ante el orden, la aversión por la higiene, el desentendimiento por la responsabilidad o el rechazo a la excelencia?
Que cada uno haga de su vida lo que le plazca es un principio que debería respetarse a pie juntillas y desde estas líneas abogamos porque se siga respetando: pero no deja de causar una sana y legítima repugnancia que elementos humanos de tan impresentable y roñoso perfil como el de la Diputada en cuestión, no sólo cobren de los contribuyentes por legislar leyes que luego interfieren en la comunidad política, sino que encima ocupen las bancas de referencia no por designio de alguna injusticia astronómica sino del voto popular, ante lo cual más que nunca cobra fuerza aquella máxima que en su tiempo supo anotar el novelista Victor Hugo: “Entre un gobernante que hace el mal y un pueblo que lo consciente, existe cierta solidaridad vergonzosa”
Y el votante argentino ha demostrado repetidas veces ser extremadamente solidario.
Lo que merecen y no merecen los 44
(Por Marìa Lilia Genta)- Los cuarenta y cuatro se merecen muchas cosas, muchos y merecidos honores. Pero por sobre todo merecen la comprensión de su destino por parte de sus familias. Toda familia que ver partir a un hijo para entrar en la Marina debiera saber que tener como tumba el mar no es algo deseado pero sí posible -en extremo honorable-.
Si además este marino elige servir en un cuerpo de elite como es el de los submarinistas el riesgo es todavía mayor, aparte las exigencias de un entrenamiento duro, riguroso y permanente como así también una peculiar camaradería transformada en hermandad.
Es notorio en este caso observar actitudes muy dispares entre las familias con tradición de mar y aquellas otras, que por ser uno de los cuarenta y cuatro el primero que tuvo esa vocación, les cuesta entender y consustanciase con la forma de vivir de la familia naval.
Más patente se hace en las esposas. Ellas deben saber a todo lo qué asienten cuando pronuncian el sí en la ceremonia nupcial. Es el sí a horas, días, meses de soledad; el sí a que muchas veces ellos estén ausentes en los aniversarios, cumpleaños, partos (no aludo a esposos porque la primera y única submarinista mujer era soltera).
Aunque se trata del Ejército, no de la Marina, creo que vale recordar a modo de ejemplo a la esposa del Coronel, jefe de la Unidad que parte al frente de combate, en la película de Mel Gibson Fuimos soldados. No es la paz sino la guerra. Ella, esposa de un jefe por cierto excepcional, asume que es a quien le corresponde llevar a cada una de las jóvenes del Barrio Militar el telegrama que comunica la muerte de sus esposos, así como antes las había reunido cuando se instalaban en el barrio para ayudarlas a organizar la vida cotidiana: como hacer las compras, el mejor lavadero… Un hombre excepcional se merece una mujer excepcional.
Estos cuarenta y cuatro (entre los cuales hay una mujer) sólo por haber elegido ser submarinistas sobresalen y se destacan por sobre el resto. No merecen que un familiar los humille llorando por TV porque no tendrán una tumba donde poner una flor si quedasen para siempre en el fondo del mar.
Son muchos los submarinistas rusos y norteamericanos (por nombrar a las dos superpotencias) que yacen en el fondo del mar. Son muchos nuestros hombres de armas, de la Marina y los pilotos de Fuerza Aérea que quedaron para siempre en el mar durante la Guerra de Malvinas.
Se dice de todo, sobre todo los opinólogos que nada saben ni de la técnica ni del alma de la Armada. No descarto que haya culpables de hogaño y de antaño. No veo, por ejemplo, a la montonera Garré ocupándose con amor de la reparación de un submarino de guerra. Otra cosa tan absurda como esta es pensar que el jefe del submarino fuese un suicida.
Otra cosa que molesta por lo ridículo es que la Armada no diga todo lo que sabe a los medios. Esto no lo hace ninguna fuerza armada en el mundo porque, por ejemplo, puede haber cosas que dieran a los familiares vanas esperanzas.
Me quedo con las hermosas y exactas palabras del padre de uno de los cuarenta y cuatro, el Capitán de navío Jorge Bergallo: “Como militar me quedo con la parte positiva: estos 44 tipos estaban navegando, haciendo lo que eligieron hacer y prestando un servicio que el país necesita y su sacrificio fue póstumo y total. Son un ejemplo para todos, para 44 millones de personas, incluyendo a los marinos y militares, que muchas veces perdemos noción de por qué somos lo que somos y de los riesgos que eso implica. El martirio no se elige, es una gracia concedida, y ellos tienen la gracia de estar en donde eligieron estar, en el mar, en patrulla eterna, hundidos como hito, como mojón, como los 300 espartanos”.
(PS: Hay familias que hemos pasado por situaciones similares. Quizás por eso nos resulte más fácil entender).
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