martes, 16 de enero de 2018

El Presidente ordenò preparar una nueva ley para el personal militar – que reemplazarà a la 19101 - que tendrà que estar lista en el lapso de un año

(Infobae)- Mediante una resolución dada a conocer este viernes, el Ministerio de Defensa convoca a la comisión de reforma de la Ley 19101 de Personal Militar. La norma que lleva el número 2017-1283 APN y la firma del ministro Oscar Aguad dispone en su artículo 1°: "Créase el "Grupo de Trabajo Ley de Personal Militar", con la finalidad de elaborar el instrumento legal que el Poder Ejecutivo Nacional enviará al Congreso de la Nación para promover el remplazo de la Ley N° 19.101 de Personal Militar vigente." A pocos días de asumir al frente de la cartera de Defensa, Aguad manifestó que el mandato que el Presidente le había dado era precisamente el de producir una reforma de fondo en la estructura militar del país. En concordancia con esto el ministro manifestó que se unificarían organismos, se redistribuirían bases y se evitaría tener "varias fuerzas aéreas y dos marinas". Las medidas esbozadas también incluyeron la jubilación o retiro obligatorio a todo el personal civil o militar con 35 años de servicios efectivos. En este contexto la medida anunciada, parece ir mucho más allá ya que establece la convocatoria a una comisión que en el plazo perentorio de nueve meses contados a partir del 1 de marzo de 2018 deberá producir el proyecto de ley que reemplace a la actual ley que rige la actividad militar en el país y que data de 1975. El texto de la resolución para poner en marcha el mecanismo de reemplazo, que lleva fecha 29 de diciembre. es el siguiente: EL MINISTRO DE DEFENSA RESUELVE: ARTÍCULO 1° - Créase el “Grupo de Trabajo Ley de Personal Militar”, con la finalidad de elaborar el instrumento legal que el Poder Ejecutivo Nacional enviará al Congreso de la Nación para promover el remplazo de la Ley N° 19.101 de Personal Militar vigente. ARTÍCULO 2°- Oriéntese la elaboración del proyecto de ley según los siguientes lineamientos generales: a) Deberá contemplar el ciclo de vida completo del personal. b) El plan de carrera se sustentará en la premisa de que la razón de ser de las Fuerzas Armadas, y por lo tanto de su personal, radica en la misión y las funciones enunciadas en la Reglamentación de la Ley de Defensa Nacional. c) Deberá considerar que las actividades no operativas no relacionadas clara y directamente con la misión y funciones antes señaladas serán cubiertas prioritariamente con personal civil. d) Deberá conducir a la optimización de los recursos sin condicionantes de ninguna índole, clarificando los derechos y deberes del personal. e) Dará lugar a un solo decreto reglamentario, común para las tres FUERZAS ARMADAS. A los efectos de abarcar la temática como un todo, se encarará la redacción de un régimen completo, correspondiendo a las instancias de revisión (Comisiones de Seguimiento y de Pre aprobación) determinar qué aspectos incluir en la ley y cuáles en la reglamentación. ARTÍCULO 3°- Confórmese el citado Grupo de Trabajo según se establece en el ANEXO I (IF-2017- 32411340-APN-SSCA#MD), que forma parte de las presente Resolución. ARTÍCULO 4° - Establécese como fecha de inicio de funcionamiento del Grupo de Trabajo el 1° de marzo de 2018 y de elevación al suscripto por parte del Secretario de Estrategia y Asuntos Militares del Anteproyecto de ley antes del 15 de diciembre de 2018. ARTÍCULO 5° - Facúltese al Secretario de Estrategia y Asuntos Militares para disponer que personal integrante del Equipo de Redacción cumpla la tarea con perjuicio de sus funciones. ARTÍCULO 6° - Instrúyese al Secretario de Estrategia y Asuntos Militares para que eleve la directiva que regirá el desempeño del Grupo de Trabajo para la aprobación del suscripto dentro de los TREINTA (30) días corridos contados a partir de la firma de la presente resolución, incluyendo un listado tentativo de capítulos y títulos constitutivos de la norma a elaborar. ARTÍCULO 7°- Regístrese, comuníquese y archívese. Dentro de las directrices establecidas en la Resolución ministerial, se deja perfectamente aclarado que el instrumento legal a pergeñar, deberá contemplar todo el ciclo profesional del personal militar y que el eje de la actividad será invariablemente apegado a la Ley de Defensa Nacional. Pero sin lugar a dudas lo que más ruido hará puertas adentro de los cuarteles, es la intención de apartar al personal militar de la conducción de aquellas áreas de las Fuerzas Armadas que no estén directamente relacionadas con la operatividad militar. Fuentes castrenses consultadas por Infobae, manifestaron su preocupación al interpretar que áreas tales como Personal, Educación, Salud, Finanzas, Auditoria ( asesoría legal) Mantenimiento de equipos e instalaciones no militares y algunas otras, sean manejadas por funcionarios civiles no necesariamente sujetos a la tradicional verticalidad militar. No obstante, dentro del grupo de oficiales consultados, no todas las voces se manifestaron contrarias a lo que se vislumbra como un giro de 180 grados en la concepción de las FFAA. Muchos oficiales en situación de retiro expresaron que sería bueno concentrar el recurso militar solo en lo operativo y dejar a los civiles aquellas cuestiones periféricas y no operacionales que estarían en mejores manos siendo conducidas por profesionales de distintas disciplinas. Para otro grupo en cambio, esto sería equivalente al desguace total del concepto de unidad de mando, conducción y control. Durante la pasada gestión de Nilda Garré en la cartera de Defensa, hubo algún tibio intento de "penetrar" las blindadas estructuras castrenses con civiles, pero el intento no fue más allá de la creación de alguna que otra subsecretaría con la misión de ejercer un mayor control sobre los uniformados, sin demasiado éxito más allá de alguna ligera reforma a la currícula de los institutos de formación militar que no hizo mella en los tradicionales planes educativos militares. En su artículo 2° la resolución deja entrever la idea ministerial de unificar el control y la reglamentación militar en un solo instrumento. Actualmente cada fuerza armada tiene decretos reglamentarios que regulan su funcionamiento e incluso cuestiones que en la actualidad parecen poner coto a la libertad de decisión del Comandante en Jefe (El Presidente de la Nación). Asimismo hace mención a la optimización de los recursos. Actualmente el 80% de los 82.000.000.000 millones de pesos que el presupuesto destina al financiamiento militar, se destina al pago de sueldos al personal militar y civil. El grupo de trabajo estará integrado por personal militar de las tres FFAA y personal civil especialmente convocado por el Secretario de Estrategia y Asuntos Militares del Ministerio de Defensa. Si bien la medida estaba en estudio desde al menos 30 días, la tragedia del Submarino ARA "San Juan" y la crisis que se originó en la conducción superior de la Armada Argentina, aceleró la medida al tiempo que puso en compás de espera los ascensos y pases propios de fin de año incluidos los anunciados relevos de los titulares del Ejército y la Fuerza Aérea, Teniente General Diego Suñer y Brigadier General VGM Enrique Amrein respectivamente.

Retirados de las FFAA pone a disposiciòn una serie de publicaciones que trata sobre la Reestructuraciòn de las FFAA que propone el Gobierno

lunes, 15 de enero de 2018

ARA “San Juan”: la dura autocrítica de un ex jefe de inteligencia por "la degradación de las Fuerzas Armadas"

(De Infobae)- El contraalmirante retirado Manuel Tomé hizo un repaso histórico sobre "el declive" de las FFAA y lo vincula con la tragedia de los 44 submarinistas. "Ahora se hablará de reestructuración, todo posiblemente oportuno u oportunista", opinó el contraalmirante retirado Manuel Guillermo Tomé reclamó una autocrítica a las Fuerzas Armadas El submarino ARA “San Juan” desapareció el 15 de noviembre de 2017 con 44 tripulantes a bordo, a pesar de un gran esfuerzo, que incluso contó con la ayuda de grandes potencias como Estados Unidos, Rusia e Inglaterra, los restos del navío todavía no fueron hallados. Para el contraalmirante retirado Manuel Guillermo Tomé, la tragedia del ARA “San Juan” estaba escrita. Sólo faltaba definir la fecha y quiénes serían las víctimas. "Lo que ocurrió, debió advertirse que iba a ocurrir: cuándo, con qué y a quién le tocaría se definiría en el tiempo. Ahora lo sabemos", lamentó. En un duro repaso de la historia de las Fuerzas Armadas, el exjefe de inteligencia de la Armada habla de "la degradación" de esa fuerza, como consecuencia de un presupuesto insuficiente, salarios bajos y la consecuente baja autoestima de sus integrantes. En su llamado a realizar una profunda autocrítica dentro de la Armada, Tomé expresó su "más sentido respeto para las familias de los 44", y rápidamente deja una síntesis que luego argumentará en detalle: "Aun sin conocer las auténticas y concretas causas de este siniestro, existe una realidad inocultable respecto a la situación de las Fuerzas Armadas que se conjuga con aquel infortunio". Pero el mensaje también va dirigido a la clase política y su reacción una vez ocurrido el peor desenlace para los submarinistas. Para Tomé, hay una cuota de "oportunismo" en la dirigencia: "Ahora se echarán culpas, se acusarán oficialismo y oposición, se descabezará a la Armada y se hablará de reestructuración, todo posiblemente necesario y, posiblemente, oportuno u oportunista". El contraalmirante retirado hizo una cronología de la situación de la Armada y destacó que en 1984, tras la recuperación de la democracia, se incorporó equipamiento, pero luego llegaría la escasez en las FFAA: "Llegaron las seis corbetas MEKO-140, las cuatro MEKO-360 y los submarinos, entre ellos el ARA San Juan, entre otros buques. Pero después sobrevino una estrechez de recursos que impidió mantenerlos y las conducciones superiores de la Armada no dijimos nada". Así, se hizo "uso intensivo de aquellos recursos materiales mientras fueron nuevos, los seguimos usando sin una adecuada cadena de mantenimiento, los continuamos utilizando aunque ya sin algunas de sus capacidades militares, luego sin armamento, posteriormente sin sensores, y por último solo navegaban o volaban, muchas veces aun con dificultad". En ese sentido, Tomé subraya un dato objetivo y contundente: "Somos el país de América Latina que más bajo porcentaje invierte en Defensa con relación a su PBI". Y detalla la "crítica" distribución de ese presupuesto: "Está orientado en más de un 80 por ciento a gastos de personal (salarios) y el porcentaje restante al funcionamiento básico (lo que se denomina 'el existir': básicamente comida y servicios esenciales) incluyendo, además, lo relativo a adiestramiento y mantenimiento de todo lo que la Fuerza posee y, si eventualmente existiese un sobrante, para inversiones". Para el exjefe de inteligencia de la Armada, estas condiciones provocaron una "degradación inexorable" en las FFAA: "Los efectos directos de esta medida recayeron sobre los medios materiales y humanos. La degradación en ambos contextos fue inexorable". A su vez, Tomé lamenta que esta situación impacta directamente en la preparación y autoestima del personal de la Fuerza: "Provocó una importante y constante deserción" al tiempo que "afectó la moral". A propósito, ejemplifica: "Mientras en la década del 80 un Comandante con mando sobre buque alcanzaba las 150.000 millas navegadas y un Comandante de escuadrilla de aeronaves 3.000 horas de vuelo, hoy quienes desempeñan esas funciones no suman, respectivamente, más de 43.000 millas o 1.200 horas. Esta circunstancia, obviamente, incide directamente de modo negativo y grave en la capacitación, experiencia e idoneidad profesional. Y también en el ánimo, la iniciativa y el espíritu naval, por la carencia de actividad, que a muchos los empujó a buscar otras profesiones (aviación civil, marina mercante, fuerzas de seguridad y policiales, etc.)". El ex jefe de Inteligencia naval también señala que no fueron cumplidas leyes como la Nº 24.948 (1998) relativa a la Reestructuración de las FFAA (Ley Jaunarena), "que hubiera permitido iniciar un camino diferente". Además, a pesar de que la subordinación de las FFAA al Poder Civil se había "asegurado", el rol de la Defensa quedó "desdibujado" y "sin importancia". En cuanto al juzgamiento de los crímenes cometidos durante la última dictadura, Tomé afirma que tuvo efectos que se "extendieron nocivamente sobre las nuevas generaciones, absolutamente ajenas a aquellos dramáticos sucesos". "La sociedad percibió al conjunto de sus FFAA como una corporación delictiva" y el desprestigio subsiguiente hizo que "se volvieran parias". Además, "la extendida omisión por parte de integrantes del almirantazgo en asumir responsabilidades (por los crímenes)" se convirtió en un "disolvente intangible del imprescindible liderazgo que debe primar en la conducción castrense". Continuando su repaso histórico sobre el "declive" de las FFAA, el exjefe de inteligencia de la Armada afirma que la Guerra de Malvinas ("pésimamente conducida") debío haber sido el punto de inflexión para un renacer de la institución. Sin embargo, se "condenó" a las futuras generaciones navales "a marchar con una pesada carga, de la cual no tuvimos ni la capacidad ni el coraje moral de desprendernos, asumiendo de cara a la sociedad las responsabilidades que nos correspondían". Ya cerca de su conclusión, Tomé enumera las condiciones en las que el persnonal de la Armada opera en la actualidad: "No hay duda de que la nuestra es una profesión de riesgo. Nadie mejor lo sabe que nuestros suboficiales y oficiales, porque son los que practican paracaidismo con elementos varias veces homologados, tiran con munición vencida, operan aviones al borde de la obsolescencia, navegan con solo un generador o balsas salvavidas también vencidas y realizan tantas otras actividades en condiciones distantes de lo óptimo". Y cierra, entonces, hilando su autocrítica con la tragedia de ARA “San Juan”: "Lo que ocurrió, debió advertirse que iba a ocurrir: cuándo, con qué y a quién le tocaría se definiría en el tiempo. Ahora lo sabemos. No supimos, no pudimos, no quisimos. Cada uno, en profunda introspección, podrá colocarse en algunas de estas tres variables, lo único cierto es que fracasamos; solo espero que esta trágica pérdida de 44 intrépidos tripulantes permita a las futuras generaciones encontrar el rumbo que jamás deberíamos haber perdido, el de nuestros próceres, los verdaderos, los que con nada hicieron mucho por la Patria y consideraron que su gente era el recurso más preciado y valioso de la Armada".

domingo, 14 de enero de 2018

La ilusiòn democràtica

(Por Denes Martos)- A medida en que la democracia se perfecciona, el oficio de presidente representa cada vez más estrechamente el alma íntima del pueblo. Algún día grande y glorioso, la gente simple del país alcanzará por fin el deseo de su corazón y la Casa Blanca estará adornada por un completo imbécil. H.L. Mencken [1] Una prosapia inventada El término "democracia" significa – literalmente – gobierno del demos algo que, según la archirrepetida definición de Abraham Lincoln, debe entenderse como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Realmente muy atractivo y simpático. Solo hay un pequeño problema: no es cierto!! El demos de los griegos – de quienes hemos heredado el término – nunca significó "el pueblo" en el sentido que le otorgaron los filósofos y los políticos liberales más de 2.000 años después. De hecho, la δημοκρατία (dēmokratía) [2] griega no tiene prácticamente nada que ver con nuestras democracias actuales. El mito de la ilustre prosapia griega de nuestra democracia no es más que una licencia poética a la que se recurrió con la intención de endosarle un poco de rancia tradición a un sistema político que, en rigor de verdad, no tiene más de 250 años de vigencia efectiva. Y aun esto solo en algunos pocos países ya que, en la enorme mayoría de los casos, la implantación del régimen democrático es mucho más reciente. El original griego El personaje que, después de toda una serie de idas y venidas y de no pocos fracasos y cambios de partido para hacerse del poder, implantó la democracia en Grecia fue un señor llamado Clístenes [3] Después de conseguirlo, hacia el 508AC decidió consolidar su posición reformando la reforma de Solón y, para ello, destruyó lo que había sido hasta ese momento el pilar de la organización social y política de los atenienses: la estirpe. Hasta la reforma de Clístenes, la sociedad ateniense había estado organizada de acuerdo con lazos de sangre. La unidad política, social y económica de Atenas había sido la familia y los lazos familiares. La medida que Clístenes tomó fue la de suplantar, en lo político, esa organización tradicional por una organización de base territorial. A partir de su reforma, la representatividad política ya no estuvo basada en la pertenencia a un núcleo humano unido por lazos de sangre y una tradición común sino simplemente por el lugar de residencia. Trazó sobre el mapa de Atenas y sus alrededores algo prácticamente equivalente a lo que hoy serían las circunscripciones electorales y organizó todo el resto de las instituciones políticas alrededor de esta nueva forma de representatividad. El corazón de toda esta complicada arquitectura política fue el demos. La palabra se traduce generalmente por "pueblo" pero, en realidad, significa simplemente “la población” y, por extensión, designa también el lugar en donde esas personas viven, es decir: el poblado, el barrio, el cantón, la comuna, el municipio. Con nuestro léxico actual a la democracia griega original, más que como "democracia" hoy la designaríamos como una especie de "barriocracia " o "distritocracia". El demos griego es más un municipio que un pueblo. Lo más similar que encontraríamos hoy por el mundo es el sistema cantonal suizo. Que de hecho, no es el gobierno de un pueblo sino el de tres que se han acostumbrado a convivir. Uno al lado del otro y sin entremezclarse demasiado. La copia demoliberal El modelo de la "dēmokratía" griega sufrió grandes modificaciones cuando, cosa de 2.300 años después, tuvo que ser adaptado a las necesidades de las filosofías liberales y a las sociedades de masas. En este proceso, la democracia directa de los barrios, municipios o circunscripciones electorales griegas originales fue suplantada por democracias representativas cuya esencia consiste en que los ciudadanos con derecho a voto, deciden – libre y secretamente – quiénes serán los que ejercerán el poder en nombre de la comunidad. Un poder siempre limitado y regulado por un instrumento jurídico llamado Constitución, que puede ser un documento escrito, como sucede en la gran mayoría de los casos, o una convención basada en la costumbre y la tradición como es, por ejemplo, el caso de Inglaterra o Israel. Pero incluso más allá de sea cual fuere el mecanismo de la limitación al ejercicio del poder político, esta especie de "aristocracia electa" surgida de los comicios es – al menos en teoría – tan solo la depositaria temporal de un mandato otorgado por el pueblo que sería el verdadero poseedor de la soberanía. Cuando se analiza este régimen político en profundidad no se tarda mucho en descubrir varias cuestiones básicas y elementales que plantean preguntas para las cuales no existe una explicación satisfactoria. Quizás la primera de ellas sería: ¿realmente posee el pueblo – como tal, como conjunto estadístico masivo – la capacidad de ver y de comprender en su totalidad el funcionamiento de esa maquinaria increíblemente compleja e intrincada que la globalización ha construido a lo largo y a lo ancho de todo el planeta? La pregunta se convierte en retórica apenas unos segundos después de planteada porque la respuesta más que obvia es: no. La mayoría electoral – sea ésta absoluta o relativa – no tiene ninguna posibilidad de comprender, la esencia de los múltiples problemas sociales y económicos con sus previsibles consecuencias a mediano y largo plazo. Y, si no tiene posibilidades de entender realmente la raíz, la estructura y las consecuencias del problema ¿cómo demonios va a hacer este pobre pueblo soberano para decidir y elegir la mejor propuesta de solución que le presentarán quienes dicen que sí lo entienden? Sobre todo cuando, por añadidura, ni siquiera uno puede estar seguro de que los que se presentan como expertos en el tema realmente lo entienden. O, peor todavía, cuando los expertos que deberían resolver el problema en rigor de verdad no tienen ninguna intención de resolverlo porque el problema, por más daño que cause al querido y estimado pueblo soberano, es un negocio fenomenal para unos muy pocos muy interesados en dejar las cosas tal como están. Así, en no pocos casos, el revelar el verdadero entramado y las causas reales de los problemas que afectan a la Aldea Global puede llegar a ser muy "políticamente incorrecto" y, por ende, no exento de riesgos para quien se atreva a hacerlo. En consecuencia, lo que el pueblo soberano acepta o rechaza con su voto no es algo referido a lo que podríamos llamar la "realidad real". El voto democrático decide entre opciones que no son más que un "relato", o sea: “una construcción artificial pergeñada por las instancias que realmente ejercen el poder político, más allá de las instituciones oficiales, las máscaras legales y las promesas descaradamente demagógicas de los candidatos de las cuales todo el mundo con dos dedos de frente sabe que nadie las va a cumplir”. De modo que la cuestión de fondo es establecer los mecanismos mentales que impulsan y gobiernan la decisión del electorado con lo cual hemos arribado al tema de la psicología de las multitudes [4] que es una de las cuestiones más delicadas de las democracias de masas actuales. La irracionalidad "popular" La decisión de "pertenecer" a algún partido político, o "ser" de alguna ideología o tendencia – izquierda, derecha, liberalismo, marxismo, trotskismo, nacionalismo, tradicionalismo más toda la pléyade de "ismos" y modas que existen en un largo etcétera – es algo que ocurre más en la esfera emocional-temperamental que en la esfera racional de las personas. Esto sucede porque, ya sea por la adhesión o por el rechazo, la preferencia emocional se impone precisamente porque no requiere del complejo, largo y bastante tedioso proceso del análisis racional. No es difícil detectar estos momentos de irracional emocionalidad en las votaciones masivas cuando éstas de pronto se apartan de lo esperado por los diseñadores de campañas. En los últimos tiempos, hemos sido testigos de varios procesos que no salieron en absoluto como racionalmente se esperaba. Uno de ellos sucedió el 23 de Junio de 2016 cuando, contra las expectativas más difundidas, el 51,8% de los ingleses votó por abandonar la Unión Europea. [5] La otra gran "sorpresa irracional" fue la elección norteamericana de noviembre del mismo año que, contra todos los pronósticos y todas las encuestas [6], le dio la presidencia a Donald Trump por sobre Hillary Clinton. Y estos dos ejemplos por cierto que no agotan el tema. Lo cómico es que la mayoría de los sesudos intelectuales de la democracia interpreta estos casos de rebeliones emocionales como una falla de la democracia. Cuando se produce alguna de estas situaciones es bastante frecuente que los grandes analistas oficiales de repente recuerden y repitan hasta el hartazgo que también Hitler accedió al poder por la vía del voto democrático del pueblo alemán. Para los demócratas, el problema con esto es que así el famoso apotegma de "vox populi, vox Dei" pierde buena parte de su poder de convicción pues obliga a admitir – bien que a regañadientes – que, a pesar de todo, el pueblo, lamentablemente, a veces se equivoca; que el ciudadano puede votar mal por ignorancia y que siendo ignorante no es apto para el ejercicio de la "verdadera" democracia para la cual, como quería el inefable Domingo Faustino Sarmiento, primero habría que "educar al soberano". El otro recurso al cual también suelen recurrir los analistas oficiales es el apelar a la comunicación. Según esta teoría, cuando prima la irracionalidad emotiva frente a la (al menos supuesta) racionalidad de una determinada propuesta, lo que sucedió no fue una equivocación del pueblo soberano sino un error de comunicación de parte de quienes presentaron la propuesta. De acuerdo con esta línea argumental no es que el estimado pueblo soberano no pudo entender la cuestión por su complejidad y por la multiplicidad de sus factores. No. Lo que sucedió fue que la propuesta estuvo "mal comunicada" y se prestó a un sinnúmero de confusiones y dudas. Con ello queda un poco a salvo lo del "vox populi, vox Dei" pero, en contrapartida, surge la pregunta de cómo explicarle el impacto de una deuda colocada a interés compuesto en dólares a alguien que en materia de aritmética apenas si domina las cuatro operaciones fundamentales y no tiene ni la más mínima noción acerca de cómo se establece internacionalmente el valor del dólar. Es como si a alguien le dieran diez minutos para explicarme – a mí, que soy una nulidad total en materia de química – la estructura molecular y la temperatura de transición vítrea de los polímeros. Sea como fuere, el mensaje concreto es que en algunos casos no habría motivos para respetar demasiado el veredicto de las urnas. Lo cual, por supuesto, abre las puertas para que, de hecho, la democracia se convierta en la dictadura de los demócratas. La dictadura democrática La cuestión es que, si esto es así, no solamente tendremos que mandar de paseo el dogma de la infalibilidad del pueblo soberano sino también la teoría repetida ad nauseam que postula a la democracia como el mejor de todos los regímenes políticos inventados por el ser humano. Porque lo que en realidad ha sucedido en la cuna misma de la democracia liberal es exactamente lo que, ya hacia la primera mitad del Siglo XX, H.L. Mencken pronosticó mediante la cita que encabeza esta nota. Si el resultado final de la democracia es una figura como George W. Bush, Barack Obama o Donald Trumpo – siendo este último una figura que ya los medios masivos del propio régimen ridiculizan, denuestan y caricaturizan (muy probablemente incluso más allá de lo que el tipo en verdad se merece) – entonces no hay forma de negar que hasta en la primera democracia del mundo la masa amorfa de votantes no es capaz de hacer una selección crítica entre las diferentes ofertas electorales y, desconfiando de lo que racionalmente no puede entender, termina votando por caprichosos impulsos emocionales y no por una serena y profunda reflexión racional que, de todos modos, es incapaz de realizar y que, aun si fuese capaz, no podría concretar porque el aparato de difusión masiva no solo le retacea información esencial sino que lo desinforma con cataratas de chismografía irrelevante. Y no es que un análisis racional de los datos concretos y veraces hubiese llevado al electorado norteamericano a votar por Hillary Clinton en lugar de Donald Trump. En absoluto. Siendo que el voto no es obligatorio en los EE.UU. un análisis racional de la realidad objetiva hubiera hecho que los votantes se quedaran tranquilamente en su casa, sabiendo que ambas opciones eran igualmente nefastas, tanto para Norteamérica como para el mundo entero. O, quizás, más drásticamente todavía, ese análisis racional hubiera evitado que sujetos como la Clinton o Trump llegaran a ser candidatos en absoluto. Y con esto se cierra el círculo de la ridiculez. Porque si el establishment mismo considera que Donald Trump es un payaso pero, simultáneamente, acusa de conspiranoicos o profetas del odio a todos los que se atreven a señalar que un sujeto así no puede ser el verdadero presidente de los EE.UU. y, puesto que a pesar de ello la política norteamericana a nivel mundial e interno no ha cambiado para nada en lo esencial desde que el denostado "payaso" es presidente, forzoso es reconocer que, detrás del "payaso" tiene que existir un Poder Real que hace funcionar al país tanto en lo interno como en lo internacional, sin importar quién es el payaso (o la payasa) que ocupa el Salón Oval de la Casa Blanca. Nadie con un mínimo básico de experiencia política puede creer que un perfecto inútil como George W. Bush gobernó realmente a los EE.UU. así como hoy nadie puede tomar en serio a un Donald Trump que se pelea con Kim Jong-un para ver quién tiene el botón nuclear más grande. En su oportunidad, nadie con un mínimo de conocimiento de política internacional pudo creer que la decisión de invadir Iraq, con el pretexto de las (inexistentes) armas de destrucción masiva de Sadam Husein, fue una decisión personal de Bush. Como que también es más que evidente que la persistente e insistente campaña mundial orquestada para demonizar a Irán no es la consecuencia de la voluntad popular de pueblos cuya enorme mayoría no sabría ubicar a Teherán en el mapa. De modo que, por un lado tenemos al pueblo que, como conjunto teóricamente soberano, no está en condiciones de tomar decisiones relacionadas con las enormemente complejas cuestiones sociales, políticas y económicas que plantea la realidad. O sea: por un lado hay una masa de electores que elige a sus representantes esencialmente por caprichosas filias o fobias, con lo que terminan detentando el poder formal monigotes, payasos o meros demagogos. Por el otro lado, sin embargo, los países supuestamente gobernados por estos payasos de algún modo siguen su rumbo – a lo sumo con algunos altibajos fácilmente controlables. El resultado es que, en el mediano/largo plazo, muy pocas cosas se apartan de la estrategia globalizadora del Nuevo Orden Mundial, a pesar de la inocultable ineficacia o corrupción de los gobernantes y la no menos inocultable ignorancia de las masas que viven con la nariz pegada al televisor. Para entender la situación real resulta forzoso admitir tres cosas: 1) Las masas electorales ni tienen suficiente información para tomar decisiones racionalmente bien fundadas, ni tienen tampoco – estadísticamente hablando y como conjunto – la capacidad para analizar y comprender los complicados problemas que aquejan al mundo y a las naciones de una estructura globalizada. En consecuencia, elijen a sus representantes por filias o fobias irracionales – ya sean personales o ideológicas – que no garantizan en absoluto ni la idoneidad ni mucho menos la honorabilidad de los representantes electos. 2) A su vez, los políticos que teóricamente deberían regir nuestros destinos no los rigen en absoluto por la sencillísima razón de que no tienen suficiente poder para ello y, aun si lo tuvieran, serían demasiado ineptos como para ejercerlo. 3) Si a pesar de ello la estrategia del Nuevo Orden mundial globalizado se va cumpliendo de un modo o de otro en todo el planeta, es obvio que detrás de las bambalinas del poder formal existe un Poder que se encarga de llevar adelante una planificación estratégica decidida por fuera del circuito institucional de los partidos políticos, sus candidatos y las campañas electorales. Admitámoslo: la democracia no es lo que parece. Es lo que no parece ser! NOTAS 1)- H.L. Mencken, On Politics: A Carnival of Buncombe 2)- Cf. Diccionario de la Real Academia Española: 3)- Cf. Denes Martos, Los Atenienses, pág. 78 4)- Cf. Gustave Le Bon, Psicología de las Masas, La Nueva Editorial Virtual, 2014 5)- Votos a favor del "Brexit": 17.410.742 - Votos a favor de permanecer: 16.577.342 - Total de votos: 33.577.342 - Participación: 72% Cf. http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36484790 6)- Y tengo que ponerme el sayo porque me cabe ya que yo mismo me equivoqué en el pronóstico. Durante muchos años venía acertando quién sería el ganador de las elecciones norteamericanas averiguando simplemente quién había puesto más plata en la campaña. En el caso de Trump/Hillary me falló. La Clinton puso muchísima más dinero en la campaña y gozó de un apoyo muchísimo mayor de parte del establishment norteamericano y, sin embargo, Trump con su estilo de matón yanqui y su pseudonacionalismo de "America First" ([Norte]América Primero) se ganó más simpatías que la políticamente correcta y aséptica Hillary Clinton.

domingo, 7 de enero de 2018

Fuerzas Armadas Argentinas Siglo XXI

(Por Jorge Reta)- La tragedia del ARA “San Juan” ha desnudado la situación de las FFAA con meridiana realidad, llegando a un punto de inflexión definitivo. Se necesita ahora un análisis profundo y con premura para definir el rol de ellas para los próximos cien años ya que la comprensión real del instrumento militar en este nuevo milenio requerirá un cambio cultural en la sociedad y sin duda, en los mismos miembros de las FFAA donde es necesario comprender la faceta positiva de su esencia y razón de ser: evitar la guerra y mantener la paz. El Almirante (RE) Jorge Ferrer, ex Jefe del Estado Mayor General de la Armada, decía que el objetivo primordial de una política de defensa es el resguardo de los intereses nacionales, cada vez más interdependientes en el mundo de la posguerra fría. Además, la reconfortante confluencia entre la democracia como sistema político y la libertad económica, en un mundo cada vez más globalizado, implica una búsqueda constante de alianzas regionales, hemisféricas y mundiales, concluyendo inexorablemente que la política exterior es la primera línea de defensa del país. Se necesita buscar la "paz y la seguridad internacional" en los términos de las Naciones Unidas porque es la condición para permitir la inserción del país en una economía mundial en expansión y la consolidación de sus instituciones. La opinión pública exige, cada día más, no sólo la graduación racional del poder sino también la mayor legitimidad: en el mundo de mañana una Nación-Estado sin protagonismo será algo así como un parásito en escala mundial. Ese protagonismo no debe ser sólo en el campo de las ideas o de la economía: debe serlo también en el campo de la acción. Más aún, la opción militar de Fuerzas Multinacionales constituirá sin duda en el futuro, la más legítima respuesta cuando se agoten las instancias diplomáticas sin éxito y fracase el efecto disuasivo ante los perturbadores del orden y la convivencia mundial ya que representa una versión en macro escala de la función esencial de las FFAA en cada Estado: ser instrumento idóneo de la política exterior. Aquí cabe preguntarse si esta capacidad de integración debe requerirse sólo a los países desarrollados o también a aquellos, como el nuestro, en vías de desarrollo con necesidades múltiples insatisfechas y carentes en general de fuerzas significativas o incluso, de armas sofisticadas. La respuesta correcta, añadía con lucidez el Almirante Ferrer, es la segunda por dos razones fundamentales. La primera, porque para gozar de los beneficios de la libertad, la paz y el desarrollo, deben asumirse los riesgos y responsabilidades para su defensa. La segunda porque esta capacidad de protagonismo no necesariamente debe abarcar la participación eventual en operaciones para mantener o lograr la paz, sino también en misiones humanitarias. En esta etapa integradora la función de las FFAA es la de ser protagonistas activas ya que nada da más seguridad en esa complementación económica-cultural, que percibir cooperación y confianza entre los instrumentos militares de las Naciones asociados hacia una meta común. Cuando dos o más países con vocación integradora encuentran coincidencias en algunos importantes intereses estratégicos, puede ascenderse a un estadio superior de las relaciones entre Estados: la Alianza Estratégica. En este nivel, el instrumento militar juega un poder de importancia vital porque nadie consolidará una alianza con un inepto o con un indefenso por más amistoso o idealista que éste sea. Las características y sobre todo la misión de nuestras FFAA deben responder exactamente a los lineamientos de una decisión política del más alto nivel de gobierno, adoptadas sobre la base del proyecto de Nación en desarrollo y a las Alianzas concertadas. Significa que el instrumento militar es una herramienta de respaldo del ámbito de las ideas o poder político y de la esfera de los bienes o poder económico. En este contexto, las FFAA deben asegurar el logro de una disuasión creíble que haga no aceptable una acción hostil por parte de un eventual agresor. Es humano pensar que todas las naciones tendrán siempre la tendencia a sentir más atractivo cooperar con los fuertes que con los débiles y que, cuando se lo haga con estos últimos, sea exigible cierta compensación por el logro de seguridad mutua superior. Para ello son menester profundos cambios ya que estamos convencidos de que ha perdido realismo la antigua teoría del "planeamiento estratégico" basada sobre: 1) una guerra con un enemigo determinado 2) en una oportunidad específica 3) con una duración aproximada de las hostilidades. Es por ello que la positiva vertiente del instrumento militar presente y futuro, que es evitar la guerra, hace imprescindible acogerse a la corriente de pensamiento llamada "Estrategia del Conflicto". Esto hace necesario un instrumento militar sin determinismos ni enemigos prefijados y por lo tanto, no existirá frustración por una guerra prevista que no se produce, sino satisfacción por ser instrumento de poder en los conflictos que enfrente el gobierno. El Dr. Jorge Castro mencionaba hace unos años con profunda convicción que siempre la estrategia sigue a la política y en este contexto la defensa de nuestro país también puede ejercerse a 10.000 kilómetros de distancia. Lo comprobamos tanto en la participación argentina en la Coalición Internacional bajo mandato de Naciones Unidas, en la guerra del Golfo y también, el masivo despliegue militar nacional en la Ex – Yugoslavia porque también se defiende al país en las fronteras estratégicas. Que quede claro, esto no significa abandonar la misión de defensa del territorio y de la soberanía nacional que hace a la razón de ser fundamental de las FFAA como instituciones permanentes del Estado. Todo lo contrario. Es pensar esa misión en términos de proyección del instrumento militar para defender intereses y fronteras estratégicas, esenciales para consolidar el orden y la seguridad internacional. En definitiva, concluía el Almirante Jorge Ferrer, las FFAA no deben prepararse para una guerra determinada sino ser útil al gobierno en el manejo de crisis derivadas de conflictos. Enfrentar este desafío requerirá realismo, tolerancia, amplitud de criterio, coraje y sentido común y ético. Vencerlo, significará asegurar la vigencia de los valores supremos de libertad y paz en un mundo interdependiente donde la democracia y el bienestar general son virtudes esenciales.

La Situaciòn! (1)

(Por Alberto Medina Mèndez)- La discusión política acerca de la celeridad de las reformas parece absolutamente interminable. La sociedad sigue analizando si estas deberían hacerse con mayor velocidad o el ritmo seleccionado es el adecuado. - El oficialismo y sus seguidores más lineales sostienen que hacen lo que pueden, que su dinámica es la única políticamente posible, que avanzan en algunos pocos temas y solo bajo ese esquema que han implementado. Los que gobiernan dicen que si marcharan con mayor rapidez tendrían que pagar enormes costos sociales porque las transformaciones que solicitan los más ortodoxos implican drásticos recortes que son inviables hoy en día. Defienden la estrategia que han elegido aduciendo que recibieron el país en llamas y que lentamente están saliendo de situaciones muy extremas, gracias a su férrea capacidad de dar pasos cortos pero consistentes. Recuerdan que no disponen de mayorías parlamentarias propias como para llevar adelante las políticas que desearían y que siempre deben negociar la gobernabilidad con otros partidos políticos, con todo lo que eso implica. Entienden que el cambio se ha iniciado porque han instrumentado modificaciones en las formas, con una estética política diferenciadora tratando de dejar atrás los patéticos estilos autoritarios del pasado reciente. - Del otro lado del mostrador son demasiados los que afirman que se podría hacer muchísimo más, que al gobierno le falta el coraje imprescindible para encarar lo que resulta imperiosamente necesario, haciendo lo correcto. Desde estos espacios se plantea que quienes lideran el gobierno, detrás de un discurso aparentemente sensato, priorizan siempre lo electoral por sobre todas las cosas, con el fin último de evitar costos políticos y no sociales. El supuesto costo social que se pretende esquivar se termina pagando igualmente con inflación, endeudamiento, falta de empleo y una carga tributaria indefendible que inexorablemente financian los más débiles. - Eliminar el endémico déficit fiscal, disminuir el tamaño de un Estado dilapidador, derogar miles de regulaciones inservibles, desarticular la corrupción estructural, reformar todos los ineficaces sistemas estatales vigentes es solo una parte de esa enorme agenda que siempre abruma. Dilatar estas cuestiones que requieren solución inmediata no puede ser una opción. No se trata de lo políticamente posible, sino de lo moralmente inaceptable. Millones de personas padecen las consecuencias de estas nefastas políticas con las que se convive, con matices, desde hace décadas. Son eternos los debates al respecto. Se pueden verificar tanto en los medios de comunicación tradicionales como en todo tipo de redes sociales y hasta en las charlas típicas de familia o de café entre amigos. - En realidad, el problema es que se decide ignorar una variable demasiado relevante en esta disputa, que tiene que ver con el horizonte de referencia, con una vital variable que se oculta deliberadamente. Se trata del “tiempo”. Ir un poco más rápido o algo más despacio podría ser un debate totalmente irrelevante sino fuera porque la concepción de unos y otros también difiere respecto del plazo que se dispone para alcanzar el objetivo compartido. Para los que ahora gobiernan, no hay apuro, porque el camino es suficientemente largo y entonces no existe urgencia alguna para evaluar decisiones y calibrar la ejecución de cada uno de los proyectos en marcha. Los más exigentes afirman que apostar todo el futuro de la nación a una dinámica azarosa es muy peligroso. Cualquier suceso circunstancial local o internacional, podría tirar por la borda lo poco que se ha hecho hasta ahora. Arriesgarse a tener suerte es jugar con fuego. Si este experimento político y económico sale mal, se habrá empujado, definitivamente, a la sociedad a los brazos de un nuevo populismo de un modo tan burdo como suicida. Más allá de la coyuntura y de la eventual ocurrencia un tropiezo externo de cualquier característica, lo cierto es que no se dispone de un período infinito e inagotable, como muchos imaginan y vaticinan como profetas. El dilema de tomar el camino de la opción gradualista o girar hacia la búsqueda de políticas más enérgicas tendría sentido si se dispusiera efectivamente de todo el tiempo del mundo. Pero eso es una falacia. - Se está perdiendo una oportunidad preciosa con esta ridícula polémica que olvida aspectos esenciales y trascendentes. Los intercambios insólitos que se potencian entre sí terminan alejando la chance de encontrar un norte. La verdadera discusión política debería pasar por como hacer las transformaciones con la mayor prontitud posible. A estas alturas, la dialéctica tendría que ser eminentemente técnica, intentando hurgar en los mecanismos más eficientes para lograr resultados en un lapso record. Sería saludable poner un esfuerzo superior en construir consensos para lograr cambios con mayúsculas y no solo para implementar estos frívolos parches que no resuelven nada postergando los problemas indefinidamente. Es hora de correr el eje de la controversia de fondo. Los amantes incondicionales del gradualismo creen, en su ingenuo optimismo, que la buena fortuna los acompañará en este proceso y eso no es muy realista. En vez de consumir energías en estériles deliberaciones, hay que trabajar duro analizando políticas públicas que se aplicaron con éxito en otras latitudes, esas que permitieron hacer modificaciones sustentables sin las brutales consecuencias que imaginan los eternos defensores del status quo. (1) El autor titulò a esta nota como “Horizonte del gradualismo”, creìmos conveniente llamarlo de la forma expuesta pero sin cambiar lo que el autor expone.

Para reflexionar II: "Hogar y Familia"

Estamos en este mundo para que, en algún lugar, podamos sentir que hemos hallado nuestro hogar. Aron Tamási (1897–1966) El problema del hogar, sin duda alguna, es complejo; y no por casualidad la protagonista central del tema es la mujer. Imagínense a una mujer adulta frente a un funcionario burócrata respondiendo a las preguntas de un formulario: ¿Profesión? - Ama de casa. ¿Pueden imaginar la cara del burócrata? Yo sí. La he visto un buen par de veces. Levanta las cejas, pero no la cabeza, y mirando un poco de abajo hacia arriba se queda un instante como preguntando: "¿Nada más?" Faltaría que diga "¿Solo eso? ¡Pobrecita!" No lo dice, pero su cara lo está gritando. El burócrata no tiene ni la más repálida idea del enorme esfuerzo, trabajo y dedicación que requiere ser una ama de casa a tiempo completo – y ni hablemos de ser una buena ama de casa – pero la sola idea de ser "solo y nada más que" una ama de casa le suena a algo así como sinónimo de "personal doméstico gratuito en relación de esclavitud". Podemos girar la cuestión y mirarla desde otra faceta. Imagínense el diálogo entre dos amigas modernas que están por terminar el colegio secundario: ¿Y? ¿Decidiste ya qué carrera vas a seguir? No. La verdad es que todavía no... Mirá, decidite. Hoy por hoy no podes andar sin título. ¿Y por qué? ¿Qué tiene de malo no tener un título? Es que quedás indefensa. ¿De qué vas a trabajar? ¿Cómo vas a hacer para ganar plata y mantenerte? Si no tenés un título vas a estar obligada a depender de un hombre y pasártela fregando y lavando platos toda la vida. Y eso si tu marido gana lo suficiente como para mantener la casa. Porque si no, vas a tener que trabajar de vendedora en un negocio por dos pesos con cincuenta para complementar el sueldo de tu marido y encima vas a tener que fregar y lavar los platos igual. No nena, haceme caso, conseguite un título. Giremos la cuestión de nuevo. Mirémosla del lado del varón. Un varón al que le han dicho que la plata grande no se hace trabajando; un varón que compara los ingresos del futbolista, del guitarrista de rock, del piloto de Fórmula 1, del capo narco, del macho alfa de la farándula, del banquero, del especulador, o del político de turno con los del médico, el maestro, el ingeniero, el policía o el profesor universitario. Un varón que, si después de eso todavía se anota en alguna carrera, es porque, o bien tiene realmente una vocación muy fuerte, o bien no encontró la forma de engancharse en alguna de las otras opciones y, dentro de todo, no quiere convertirse en el "nini" que ni estudia ni trabaja. Después, claro, la vida se encarga de que esa mujer y ese varón se encuentren. En algún momento dado se forma una pareja. En algún momento la pareja deviene en matrimonio. Y como la plata no alcanza ambos tienen que salir a trabajar. Además, sería ridículo pensar que la mujer, con un título universitario en su haber o cerca de obtenerlo, se va a quedar en un departamento de un ambiente para jugar a la ama de casa. Así, ese departamento se convierte en un dormidero. De día no hay nadie porque ambos trabajan; de noche se juntan, al día siguiente se repite el ciclo cinco veces y los fines de semana se hace el mantenimiento de lo que no se pudo hacer los cinco días anteriores y, en una de ésas, puede haber una visita a los padres, a la quinta de un amigo o a salir a comer por ahí, siempre y cuando no sea fin de mes. Y en algún momento, si no irrumpe una frustración que termina en separación o divorcio, el matrimonio se convierte en familia. Aparece una criatura con sus necesidades y sus exigencias. Los que antes eran amantes se convierten en progenitores con las diferentes obligaciones y responsabilidades de madres y padres. El departamento de un ambiente empieza a tener fecha de vencimiento. Dentro de muy poco hará falta más espacio. Pero "más espacio" significa más dinero. Ni pensar en dejar de trabajar. Pero, si la madre sigue trabajando, ¿quién se hará cargo de la criatura? No se la puede dejar sola en el dormidero, obviamente. ¿Una guardería? ¿Alguna de las abuelas? ¿Una niñera? ¿Algún personal doméstico multipropósito? ¿Alguna combinación de soluciones intermedias? Sea como fuere, luego de un tiempo la madre vuelve al trabajo. Lo necesita. De otro modo los números de la familia no cierran. Aun cuando una parte sustancial de sus ingresos se vaya en gastos de guardería, personal doméstico o alguna otra solución adoptada. Además, es una profesional. Para eso se rompió el alma estudiando durante años. Para eso se conquistó, con mucho esfuerzo, una posición que le permite sentirse libre, dueña de su propio dinero, y respetada – quizás hasta envidiada – por las demás mujeres. O al menos eso es lo que ella cree. Y con el hombre sucede algo muy similar. Antes se sentía responsable por su mujer; ahora se siente responsable por su mujer y su hijo o hija. Si antes apenas conseguían llegar a fin de mes, ahora los gastos son mayores. Hace falta más plata por mes. Va a necesitarse más todavía en el futuro cuando haya que mandar al chico a la escuela y ni hablemos de si viene un segundo hijo... Hay que cambiar de trabajo por otro mejor remunerado. O conseguir otro trabajo adicional. O trabajar horas extras para mejorar los ingresos. Resultado: el hombre estará fuera de su casa durante más horas que antes. Se convertirá en un misterioso ser que llega cuando su hijo ya está durmiendo y se habrá ido antes de que despierte. Como padre será un prodigio que ocurrirá solo los fines de semana. En este ambiente, "la profesión", "el trabajo", se convierte en el casi indiscutido núcleo central de la existencia. La familia termina construyéndose a su alrededor, como una especie de objetivo secundario y muchas veces obstaculizante. Lo cual, obviamente, resulta favorecido por el hecho que muchas veces las actividades formadoras de opinión resultan ocupadas por personas que, aunque más no sea para auto-justificarse, proponen y defienden esta forma de vida. Así y todo sin embargo, la verdadera búsqueda de todos los involucrados es la de hallar la felicidad; algo que la enorme mayoría de nuestra sociedad – tal como lo demuestran todas las estadísticas – solo puede imaginar en un hogar, desde el seno de una familia estable y armónica. Es lo que todos disfrutan cuando se jubilan. Es lo que todos añoran cuando es obvio que ya nunca lo tendrán. Hasta ahora no sé de nadie que, en su lecho de muerte, haya exclamado: "¡Ojalá hubiera estado más tiempo en la empresa, con los proveedores, con los clientes y con mis compañeros de trabajo!". ¿Qué clase de vida brinda este entorno? Es fácil sacar la cuenta. Un caso típico sería el de una persona que duerme 8 horas y trabaja 9 por día. Bien. Veamos. 8 horas de sueño más nueve de trabajo dan 17 horas. Si el viaje de casa al trabajo, entre colectivo y subte, o tren y subte, o alguna otra combinación lleva 1 hora y media, tenemos, entre una cosa y otra 3 horas de viaje por día. Van 17 +3 = 20 horas. Hay que comer, hay que bañarse, arreglarse, ocuparse de la canilla que gotea y de la bombita de luz que se quemó, de planchar la ropa para mañana, cocinar, etc. Seamos optimistas, pongámosle una hora para los hombres y más para las mujeres. Resumen y total: de las 24 horas del día, con suerte queda algo así como el 10% del tiempo disponible para dedicarlo al hogar y a la familia. Con suerte. La pregunta que, inevitablemente, uno se hace es: ¿vale la pena? Sinceramente no lo creo. Lo que sucede es que, hasta ahora, había pocas posibilidades de escapar de ese entorno. O bien uno se iba a vivir al campo, o bien el hombre conseguía uno de esos raros trabajos que permitían mantener una familia sin el necesario aporte económico de la mujer. Sin embargo, la cosa está cambiando y es principalmente gracias a la tecnología informática que está empezando a surgir una modalidad de trabajo desconocida hasta ahora: el trabajo desde la casa o, como lo llaman los norteamericanos, el "home-working". A fines de 2016 y principios de este año, en los EE.UU. ya eran por lo menos 100 empresas importantes las que ofrecían trabajo en esta modalidad. La lista incluía a Amazon, Teletech, Hilton Worldwide, Xerox, Dell, IBM, Wells Fargo, Aon, Adobe, Sodexo, Eaton, American Express, Motorola Solutions, Lenovo, JPMorgan Chase y varias más. En los EE.UU. el porcentaje de trabajadores que realizan sus tareas parcial o completamente desde sus domicilios se incrementó de un 19% en 2003 a un 24% en 2015 según el Bureau of Labor Statistics. En las profesiones relacionadas con administración, negocios, operaciones financieras y ocupaciones profesionales, los porcentajes fueron de 35% a 38% respectivamente. Además, el 68% de los trabajadores norteamericanos respondieron que esperan trabajar en forma remota en el futuro. Las industrias más proclives a considerar el trabajo remoto incluyen las de tecnología informática, medicina, salud, administración estatal y finanzas. Servicio al cliente, educación, capacitación y ventas también ofrecen puestos de trabajo en esta modalidad. El trabajo desde el domicilio bajo el modelo TRaD por sus siglas en inglés está creciendo y ya es una alternativa seriamente considerada, en especial por las empresas de servicios. ¿Terminaremos trabajando desde casa en el futuro? Muchos probablemente sí. Porque, por supuesto, esto no es para todos los oficios. No podría fabricar un auto desde mi casa. No podría ni pintarlo ni ensamblarlo, eso es obvio. Pero el departamento contable de la fábrica de autos seguramente tiene operaciones que se podrían hacer de manera remota y el área de Recursos Humanos también realiza operaciones que no tienen por qué hacerse necesariamente dentro de la empresa. Ni el cálculo de sueldos y jornales ni el diseño y mantenimiento de la Intranet de la compañía tienen que hacerse necesariamente dentro de la compañía misma. El departamento de Marketing podría trabajar con diseñadores gráficos remotos. Excluyendo los procesos de manufactura propiamente dichos, las posibilidades son amplias. ¿Lo haremos? Creo que sí. Todavía falta desarrollo y cultura laboral en este sentido, sobre todo en nuestros países. Llevará tiempo y requerirá varios cambios, en especial de mentalidad. Pero la nueva generación, ésa que nació con la computadora ya en la cuna, poco a poco hasta irá presionando para hacerlo posible. Porque este mundo, así como está hoy, es absurdo. Estamos más tiempo con extraños y hasta con completos desconocidos que con nuestras propias esposas, esposos, hijas e hijos. Y después nos lamentamos que el matrimonio y la familia resisten cada vez menos el embate de quienes se han propuesto hacerlos desaparecer. Porque, a diferencia de los matrimonios que no necesitan más que una vivienda, las familias necesitan un hogar. Y el hogar, tradicionalmente, era ese lugar en el que se mantenía encendido el fuego alrededor del cual la familia se reunía todos los días para comer, calentarse, charlar, divertirse, recordar anécdotas, comentar los hechos del día, discutir puntos de vista diferentes, intercambiar opiniones... En pocas palabras, el hogar fue siempre el lugar en donde quienes se aman pueden estar juntos para comunicarse, para entenderse y para compartir. Y creo que debe volver a serlo. Porque, al igual que Aron Tamási, creo que en este mundo, en algún lugar, deberíamos poder sentir que hemos hallado nuestro hogar. Y también creo que en ese hogar deberíamos poder vivir nuestras vidas junto a las personas que amamos.